CV ENSAYOS PROYECTOS

#FurgoRuta2014

Ahora estamos cada uno en un lugar distinto, casi en un mundo distinto, siguiendo todos con nuestra vida, con nuestra cotidianidad y con nuestras preocupaciones... Xavi está ahora en Sabadell, Ángel en Alella, Mireia en Terrrassa, Nacho en Granada y yo en Madrid... Ahora la distancia nos separa, son muchos los kilómetros que nos mantienen lejos, pero yo, por lo menos yo, me sigo acordando de vosotros y recordando los buenos momentos que pasamos juntos este verano.

La verdad es que ya os escribí unas líneas nada más volver de nuestro largo viaje, la verdad es que nadie me dijo nada... - ¡hijos de p...! - Pero aún así el otro día estuve pensando que fueron poca cosa y que podría extenderme un poco más con unas líneas que reflejen mejor los detalles de nuestra experiencia del verano.

Para ello me pongo a escuchar las canciones de Txarango, canciones que especialmente me recuerdan a Mireia, pero también a todos vosotros, al viaje, a Lucena, y a todos los rincones que recorrimos encima de nuestra Lucenita mientras sonaba Txarango o Bob Marley o algunos más que la verdad es que no sé como se llaman (disculpadme porque soy nefasto con las canciones y los artistas).

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Todo empezó cerca de Barcelona, salimos Xavi y yo de Sabadell montados encima de Lucena, cuando ella todavía no tenía ese nombre, cuando hacía pocos días que Xavi y Ángel se habían vueltos locos y habían decidido comprar una furgoneta para recorrer juntos una buena parte de la geografía de la península. Juntos fuimos primero a buscarla al mecánico, y de allí fuimos directos hasta Alella donde esperaban Ángel y Nacho. - ¡Qué grande eres Nacho! Viniste a Barcelona para bajar con nosotros y vivir ésta experiencia que espero que nunca llegues a olvidar. -

Todo fue muy rápido y pronto estábamos saliendo de Barcelona, saliendo de Catalunya, corriendo hacia una primera parada improvisada cerca de Valencia, Peñiscola. Esa primera noche, esa primera tarde, ese primer día, todos en la furgoneta, todos con nuestras ideas y con nuestros miedos montados encima de Lucena llegamos improvisadamente para cenar y dormir. Se convertiría en una costumbre, llegar tarde a los sitios y empezar a montar todo nuestro chiringuito... yo haría la cena, como de costumbre, y vosotros estarías centrados en preparar la cama, y el toldo... ¡a no! ¿Os acordáis? Esa noche no tuvimos toldo, no valía la pena ponerlo... y al final, después de jugar a unas cartas, vosotros dormisteis apretaditos dentro mientras yo dormía fuera de la Lucena, detrás de ella, con un toldo improvisado que ni me protegía del viento ni me protegía de los gatos y demás animales. Jajajajajajaja

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Así pues me levanté el primero, como sería costumbre, y me dispuse a esperar que os levantaseis de la cama...se ve que estabais muy agustito allí los tres. Visitamos Peñiscola, tomamos un café o un zumo en la playa y nos bañamos para luego seguir con la ruta, para bajar hasta Burriana donde fuimos a visitar a los sobrinos de Nacho y a comprar un poco de vino para nuestra siguiente cita.

Llegábamos tarde, como siempre, a nuestra cita, ésta vez era con “el Matador”, ese amigo de Xavi que tenía un nombre poco amistoso y que al final resultó ser un bonachón que nos invitó a comer una típica paella de Valencia con su familia, con toda la familia para ser más concretos... Yo tengo un grato recuerdo de ese encuentro, comimos, nos bañamos en su piscina, y nos regalaron unos tomates y unos pimientos del huerto para el cocinero y para todos claro. - ¡Qué buenos tomates con sabor a fresa! - Así pues dejamos atrás la casa del Matador y nos despedimos de él, a regañadientes, porque él quería dejar a su mujer y a su hijo allí para venir de fiesta con nosotros. ¡Qué tío!

Al final llegamos de noche a un camping de Valencia. Realizamos nuestro ritual de montar el toldo, preparar la cama y hacer la cena. - Así nos fuimos convirtiendo en una pequeña familia, con sus costumbres y con sus diferencias. - Finalmente, para completar el día, nos fuimos a ver un poco la noche de Valencia, fuimos al puerto con un taxista muy cachondo - eh tete, claro tete - que nos hizo un pequeño descuento tras la negociación de Ángel. Aunque no fue la noche que Ángel esperaba, porque estuvimos poco atentos para ligar con las italianas calientes del local, aprovechamos para hablar, para conocernos un poco más, y para hacer una gran cachimba en el puerto de Valencia. Llegamos medio borrachos, y dormimos, ésta vez Nacho fuera de nuestra Lucena, y yo apretado entre los dos propietarios que se habían ya acomodado en los laterales de la furgo. - ¡Cabrones! -

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Nos levantamos, yo el primero, como de costumbre, para seguir con nuestro viaje. Esta vez nuestro objetivo era una tristemente famosa ciudad de la costa valenciana, Gandia. Pero antes de seguir fuimos a dar una pequeña vuelta por Valencia, vimos la ciudad de las Ciencias y las Artes, la “gran” obra de Calatrava, (véase la página: www.calatravatelaclava.com, no sé si sigue activa) e hicimos la foto de rigor para el postureo de verano - jajajajaja - .

Con la música que Carla nos había regalado fuimos bajando hasta la ciudad de Gandía. Esta vez llegamos a una hora decente, a la hora de comer, y no de cenar. Hicimos unas buenas patatas a lo pobre para que disfrutara nuestro andaluz, y nos quedamos dormidos en el suelo y en la furgo después de la comida. - ¡Nuestra primera siesta juntos! -

Con la panza llena y con la cabeza relajada después de “echarnos un nacho” fuimos a la playa y jugamos primero un partido de fútbol entre nosotros que al final ganamos Xavi y yo, aunque las fuerzas estuvieron muy justitas y aunque nuestros pulmones no daban para mucho más. Allí conocimos a un buen grupo de chicas con las que estuvimos jugando con una pelota en el agua y luego jugando a voley. Fue una tarde intensa... y luego de nuevo a casa, digo a la Lucena, fuimos ha hacer la cena, vaya, fui yo ha hacer la cena, mientras vosotros fuisteis perfeccionando nuestro ritual y preparando un toldo que cada vez era mejor. Allí Ángel estuvo atento, como siempre por cierto, y se fue a conocer a un par de chicas guapas que venían al camping con los tacones y sin nada más. Esa noche estuvimos primero con ellas en el camping... y luego yo me quedé durmiendo mientras vosotros fuisteis de fiesta con ellas y luego sin ellas. De esto no puedo contar mucho... sólo se que a media noche llegó Ángel borracho como una mona a dormir conmigo.

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Mi sorpresa fue que cuando yo me levanté, como siempre el primero, Xavi y Nacho todavía no habían llegado de la fiesta que se pegaron anoche. Cuando ya estaba lavando los platos de la noche anterior llegaron este par de crápulas, y nos contaron la historia de cómo fue la noche. La resaca fue terrible. Estaban destrozados. Ángel y yo aprovechamos que éstos dormían plácidamente para hacer kilómetros y fuimos directos hasta nuestro siguiente destino, la Manga del Mar Menor. Casi seiscientos kilómetros nos separaban de este destino. Fue uno de esos días de ruta, de horas y horas montados encima de Lucena, a veces cantando, a veces sólo escuchando las canciones y a veces hablando, conociéndonos un poco mejor, en éste caso, Ángel y yo.

Las bellas durmientes que teníamos detrás se levantaron cuando ya faltaban pocos kilómetros para llegar al faro de la Manga. A todo esto llegamos al faro sin comer nada cerca de las cinco de la tarde. Comimos y nos bañamos en una de las mejores playas que pudimos probar este verano. Era tan buena que yo me dormí una siesta allí mismo.

Finalmente cuando se acercaba la hora de cenar, nos fuimos al camping de la manga. - ¡menudo camping! - Allí nos encontramos un pequeño pueblo de casitas llenas de gente maravillosa que nos trataron genial, nos acogieron, y nos ayudaron a mejorar nuestro ritual de cada noche. Unas bombillas y un cable de luz nos permitieron substituir el precario alumbrado que teníamos. Montamos nuestro pequeño chiringuito, Nacho demostró su habilidad como arquitecto y montó allí por primera vez su tienda de campaña y un toldo que hacía como una casita al lado de Lucena - con regatas incluidas para pasar los cables de la luz -. Yo preparé la cena y cuando volví de hablar por teléfono ya estabais casi en la cama. - vale...estuve una hora al teléfono - Esa noche nos fuimos a dormir pronto sin jugar a nada y sin salir a ningún lado porque el día había sido muy intenso para algunos y la noche anterior demasiado larga para otros.

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Nos levantamos en la manga. Yo me levanté el primero de la tienda en la que dormía con Nacho. Fue para mi la primera noche que dormí realmente a gusto y tranquilo. Esa mañana fuimos a comprar la comida y nos fuimos a la playa del parque natural de la manga. Fue una buena mañana de sol y playa. Xavi y yo nos dimos un largo paseo por la playa... y Xavi lo maldeciría durante todo el viaje. Ángel y Nacho disfrutaron como niños jugando en la playa, recordando lo bien que lo pasan siempre jugando juntos a cualquier cosa. - Encontramos a esa chica que tenía unos pelillos que la desmerecían un poco y con la que tanto nos reímos. También nos encontramos con ese hombre que estaba en una de las cuevas con el trabuco preparado. -

Nos fuimos luego por la tarde a lo que es propiamente la Manga, ese mar apestoso y caliente que a mi personalmente no me gustó nada. Por suerte yo me fui a tomar un café y luego vino Xavi, y finalmente también Ángel y Nacho, y fue allí donde conocimos a ese par de chicas murcianas que nos enseñaron un poco a dónde debíamos ir. Fuimos a ese local ibizenco, tomamos ese melón con no sé qué clase de alcohol, y nos encontramos allí con las mozas murcianas.

Al salir de allí fuimos a cenar a nuestra casita andante. Nos encontramos con nuestros vecinos los abuelitos de Madrid. No pudo ser mejor, nos trajeron tortilla de patatas, y a mi incluso me hicieron el avioncito para darme de comer mientras yo hacia la cena para todos. Nos hicimos el selfie de rigor con nuestros vecinos y nos fuimos a la cama... o eso creíamos... Llegaron unas horas de vacile y de tonterías entre vosotros, mientras yo estaba intentado descansar en la tienda os escuchaba y me partía la caja con Ángel, indignado, porque a Nacho le estaba “entrando un nacho”, porque yo me había ido a la cama, y porque Xavi estaba muy cansado y dolorido de sus piernas... luego empezó el vacile, las bromas, las tonterías que provocaron que yo me durmiera con una sonrisa en los labios y que vosotros os fuerais a duchar y a salir de fiesta en busca de un polvete para esa noche. - Finalmente se ve que Ángel hizo un hoyo en uno. -

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Esa mañana me desperté y prepare el almuerzo mientras mis princesitas se despertaban, así, cuando Nacho se despertó y fue a buscar uno de los zumos que compramos el día anterior se quedo indignado y se enfadó como no lo había visto yo todavía. Algún ave rapaz con perilla y pelo corto se llevo los zumos esa noche al campo de golf y le dejó sin. Después de arreglar esos problemillas de buena mañana nos fuimos hacia Murcia capital, ya con una sonrisa en la cara.

Dejamos a Nacho, nos despedimos de un chico que conocí seis días antes y al que abracé como si lo conociera de hacia seis años. Fueron días muy intensos, pasaron muchas cosas, y tantas horas juntos hacían que le apreciara tanto como a un amigo de toda la vida. Fuimos a comer al típico restaurante vasco de Murcia, y luego hicimos, eso sí, la típica siesta murciana, en uno de los parques cercanos a la estación de tren donde llegaría Mireia.

Así después de unas largas horas de espera llegó la mujercita de nuestra pequeña familia. Recogimos a Mireia y a todas sus cosas e hicimos ruta... unas horas de trayecto dentro de nuestra Lucena nos llevaron hasta Mojácar, luego hasta Mojácar Beach, luego hasta el pueblo de al lado. -¡Qué desastre con los campings! -

Esa noche después de cenar nos arreglamos, me puse las lentillas, nos pusimos más guapos de lo que ya somos, y nos quedamos en el camping viendo pasar el rato esperando a un taxi que nunca llegó. No pudimos salir de allí y nos fuimos a dormir escuchando, por lo menos yo, el suave ronquido de mis compañeros de cama.

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Nos levantamos en ese camping que no tenía seguridad y tampoco taxis que vinieran a recogernos, recogimos nuestras cosas, y volvimos a nuestra ruta montados en nuestra pequeña casa que baila al son de las canciones de Bob. Fuimos a visitar el pequeño pueblo de Mojácar. Paseamos y pasamos por ese pueblecito como pasamos por todos los rincones, sin cogerle cariño a nada, sin intención de estar más tiempo del necesario en un mismo lugar. Así seguimos hacia adelante, sin mirar atrás, hacia nuestro siguiente destino, el Cabo de Gata, Almería.

Xavi y yo fuimos detrás en éste viaje, cantando y bailando, bebiendo, aprovechando el momento para coger una buena turca, - una borrachera digo, no a una mujer turca - Llegamos al fin al Cabo de Gata, nos bañamos en esa playa llena de piedras y de erizos, y luego montamos nuestro chiringuito allí en la playa, donde comimos, donde Xavi fue a buscar unos erizos que luego todos, bueno casi todos, degustamos antes de una comida muy especial delante del mar.

Así después de esa comida recogimos y nos fuimos dirección a Roquetas de Mar o “Roquetes”, como lo llaman algunos. Todo pasando por Almería capital, pasando digo, porque no paramos a ver nada, nada teníamos que ver en esa ciudad, algo especial nos esperaba en nuestra siguiente parada...

Roquetas de Mar fue un lugar especial, un buen rincón, un lugar donde nos encontramos sólo al llegar con una chica que pedía un Almax, y que al final no sólo se llevó ese Almax que buscaba, sino también un grupo de amigos en la otra punta de España. Rosa, así se llama aquella chica que esa noche cuando llegamos a “Roquetes” se montó en nuestra furgoneta. Cuando la cena ya estaba hecha, cuando ya habíamos comido una tortilla de patatas que estaba cruda por dentro y quemada por fuera, Ángel se fue a buscar a esa chica de pelo oscuro y piel morena. Y nosotros, los demás, nos quedamos hablando y bebiendo tranquilamente en nuestro chiringuito hasta que llegó Luisfe, Luis Felipe, un muchacho del grupo de Rosa que había visto a nuestra mujercita Mireia y quería intentar algo con ella. Una conversación alegre, interesante y algo profunda también nos acompaño esa noche con Luisfe, hasta que volvieron Rosa y Ángel, y al final nos fuimos a dormir...o eso creíamos...Yo esa noche no dormí nada, estaba nervioso, todo me molestaba, especialmente un bichito que tenía a mi lado y que me hacia reír y reír sin parar. - ¡Qué noche más divertida, qué de risas tuvimos en la tienda esa noche! -

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Nos levantamos, y ese día yo no fui el primero en levantarme, ese día me encontré que en nuestro chiringuito estaban instalados todos los amigos de Rosa y Luisfe, cantando, bailando, y gritando ¡Arsa! ¡Arsa! - La gente del sur... qué divertida es la gente del sur. -

Así todos juntos almorzamos, y nos fuimos a comer a El Ejido unas hamburgesas gigantes, unos trozos de carne que prácticamente nadie pudo terminar. Nos despedimos primero de Juanjo en El Ejido y luego fuimos a la playa esa tarde, todos juntos alquilamos un patinete de cuatro personas y fuimos nadando y saltando, jugando, hasta que nos cansamos y volvimos de nuevo todos a la orilla... a recoger piedrecitas y a hablar con ese grupo de amigos que acabábamos de hacer el día anterior. Los niños, digo, ese grupo de chicos y chicas de Motril al final no se quedaron con nosotros más tiempo, se fueron a su casa esa noche porque sus padres ya estaban esperándoles para cenar en sus casas. Nosotros volvimos de nuevo al camping de Roquetas de Mar, cenamos, y preparamos nuestra ruta para el día siguiente... nuestra próxima parada sería Granada.

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Me levanté de nuevo el primero y desperté a Mireia y empezamos a recoger las cosas para emprender de nuevo nuestra ruta, ahora hacia Granada. Allí nos teníamos que encontrar con Gemma, Dani y Roger, pero antes nos encontramos con una hippie que hacía autoestop y a la que llevamos durante unos quinientos metros, no más. Cuando bajó la hippie salió con ella una de mis albarcas, y por suerte esa albarca volvió a entrar volando por la ventana. Con todo llegamos a Granada y nos encontramos con Gemma, Dani y Roger. - ¡Qué mono es Roger! -

Cervezas y tapas fue lo que nos encontramos en Granada, y un sol, el sol de Granada nos dejó, especialmente a mi, frito y deshidratado. De vuelta de nuevo a la playa, mientras yo estaba entre dormido y mareado, nos encontramos con un camión y un camionero al que Xavi saludó por la ventana con su culo al aire.

Finalmente llegamos a la playa, llegamos a Almuñecar, a la feria de Almuñecar. Encontramos un camping sin saber dónde nos habíamos metido, y nos fuimos directos a la feria. La feria de Almuñecar fue una de esas noches divertidas y llenas de acontecimientos sorprendentes. Nos divertimos subiendo en las atracciones de la feria, chocando en los autos, bailando en las casetas, bebiendo gratis en el caso de Ángel, pues había conocido a una chica que le invitó durante toda la noche. Al final, después de encontrarnos con un excompañero de clase de Mireia, después de reír y bailar durante horas, un kebab nos sentó de maravilla, y otro kebab gratis nos regaló el chico de ese puesto de kebabs con el que estuvimos hablando un buen rato. Al final, con la panza llena de kebab y de alcohol nos fuimos a dormir con una sonrisa en los labios.

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Esa mañana nos levantamos y nos encontramos que nuestro camping era un camping hippie. Una hamaca y unas tostadas con mermelada natural nos acompañaron durante el almuerzo, un almuerzo en el que también jugamos al ajedrez. Recogimos de nuevo nuestras cosas y nos fuimos a ver a Adela y a sus niños, una amiga de Ángel, una profesora de inglés que se reía de los niños de pueblo a los que daba clase. De allí fuimos hacia El Palo, Malaga, donde nos esperaba un chiringuito de playa muy especial, “el Tintero”. Una buena comida en el Tintero, espetos, huevas y todo tipo de delicias del mar nos sirvieron para coger fuerzas y seguir con nuestro largo viaje. - ¡Y yo, cobro! -

Dejamos atrás al Tintero y nos fuimos hasta Torremolinos. Nos instalamos en el camping - al lado de unos chicos guapos eh Mireia - y nos fuimos por la tarde a la playa, la verdad, es que no sé a que playa fuimos. El caso es que estuvimos disfrutando de la playa, jugando a palas, nadando, tomando el sol, y dando algún que otro pelotazo al pecho de Elià ^^'. Al final decidimos ir a comprar la cena... se ve, aunque no se dijo, que decidimos que cada uno haría una cosa distinta. Ángel compró pan con tomate y algunos embutidos, Mireia compró humus y yo compré arroz para hacer un buen arroz caldoso. Claro que a todo esto nadie recordó que ese mismo día habíamos comido en el Tintero y que aunque parecía que teníamos hambre después de la playa en realidad tampoco había mucho espacio en nuestro estómago. Una vez en casa, después de una hora o más preparando yo mi arroz y comiendo todos un poco de embutidos y de humus, llegó el momento de comer mi arroz y nadie tenía ya espacio para él. Antes de ir a dormir, fue también destacable un desafortunado comentario que tuvo Mireia hacia Ángel y que acarreó una serie de bromas y de chascarrillos que se sucedieron durante toda la noche y durante los días siguientes. - Mireia, ha sido un comentario muy desafortunado, ¡mañana te vas! ¿qué prefieres el bus o el tren? -

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Esa mañana nos levantamos y recogimos nuestras cosas, se acercaban las doce del mediodía y teníamos que salir del camping... A todo esto Mireia y Ángel se encontraban en el baño, y Xavi y yo decidimos sacar la furgoneta. - ¡menudo susto se llevó Mireia! Y pensó... ¡Me han dejado aquí estos cabrones! -

Al final resultó que éramos buena gente, y no la hicimos volver al día siguiente, pese a su comentario desafortunado. Así que con Ángel y Mireia montados de nuevo en la Lucena nos fuimos a Malaga. Allí Xavi y yo nos pegamos una ducha en la playa y luego fuimos todos a buscar algún lugar donde comer mientras paseábamos y visitábamos la ciudad. Unas tapas de autor y unas tapas típicas de la ciudad nos acompañaron durante la comida.

Al terminar nos fuimos hacia la alpuajarra. Finalmente tras unas horas cantando montados en la Lucena y después de haber recorrido unos dos mil kilómetros en nuestro largo viaje desde Barcelona llegamos para cenar al pueblo de Notáez... allí pasamos otros tantos días, pero eso, ya es otra historia.

Aunque de hecho sé que me he dejado muchas cosas por contar, tampoco quiero hacer un diario de todos los días que pasamos juntos. Pero aunque aquí no haya mencionado a las Natillas que nos preparó Ángel, o a esa niña, Victoria, que se encapricho de nuestro patito, o ese accidente con la cocina que se cayó de camino a la alpujarra, creo que éste ha sido ya un resumen lo bastante decente como para guardar en nuestra memoria la mayor parte de las anécdotas que nos sucedieron durante estos felices días de verano.

Llegados a este punto sólo me queda decir lo que ya os dije en otra ocasión, lo que ya sabéis de sobra... y es que yo espero que este viaje sea eterno, que este viaje sea inolvidable para todos y que siga siempre formando parte de nuestras vidas como una de las experiencias más divertidas y más interesantes que hemos tenido. Pero por otro lado, también deseo que este viaje sea el primero, y sea ya de paso el viaje de iniciación hacia una serie de viajes y de experiencias comunes aún más divertidas y aún más interesantes con ésta pequeña familia que se ha formado éste feliz verano.


Continuará...


Madrid, 11 de Octubre de 2014.


Elià